
Córdoba, 6 de abril de 2010—. La editorial cordobesa El Olivo Azul acerca a los lectores la obra de Stephen Crane, pionera en la exploración de los límites entre periodismo y narrativa, gracias a los relatos de Historias de Nueva York. Traducidos por David Cruz, el escritor Juan Bonilla señala en el prólogo que muestran al lector «una manera de enfocar la realidad que iba a convertirse en magisterio para generaciones de narradores americanos».
En Historias de Nueva York, a la venta el lunes 12 de abril, los personajes de Crane se despiden del XIX y reciben el XX, retratando —de nuevo en palabras de Bonilla— «la vida de una ciudad que es además la capital del mundo». Historias de Nueva York constituye un retrato de las personas que la levantaron desde sus cimientos, y de esta forma el lector asiste a una megalópolis de carruajes que colapsan el tráfico, niños rotos a la búsqueda de un juguete, pensiones de mala muerte, lujosos salones cuyo brillo impide ver a sus moradores cómo vive la otra mitad, prostitutas y policías, tenderos italianos y hambrientos ladronzuelos… Personajes anónimos y estampas guiadas por la escritura intensa y plástica de quien fue considerado «el Chéjov americano» por el prestigioso crítico Robert Wooster Stallman.
Stephen Crane (1871 – 1900) murió en Badenweiler (Alemania) con tan sólo veintiocho años, dejando atrás una obra literaria que comprendía crónicas periodísticas, novelas, poemas y relatos. En 1890 había comenzado a trabajar como reportero en los barrios más populares de Nueva York, mezclándose entre sus habitantes. Corresponsal de guerra en Grecia (1897) y Cuba (1898), de sus experiencias nacieron obras como Maggie: una chica de la calle (1893), que los críticos consideran la primera novela naturalista norteamericana, y La roja insignia del valor (1895), relato de fuerte sesgo realista sobre la Guerra de Secesión, y que figura entre las mejores novelas en inglés de todos los tiempos. A estos títulos se une Historias de Nueva York, el mejor ejemplo de su tensión constante entre la realidad y la ficción; la apuesta de Crane por el primer y descarnado elemento —y en concreto algunas de estas Historias de Nueva York— situaría su obra como antecedente, incluso, de lo que hoy conocemos como periodismo gonzo. Amigo de Joseph Conrad y Henry James, autores tan diferentes como Ernest Hemingway o Willa Cather lo reconocieron como su maestro.
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