
Dos décadas de escritura bastaron a Guy de Maupassant (Dieppe, 1850 — París, 1893) para convertirse en prosista esencial de la literatura europea del siglo XIX: novelista con títulos como Bel-Ami (1885), alcanzó el éxito con sus relatos, más de trescientos entre obras naturalistas, como Bola de sebo (1880), y cuentos de terror, que gracias a piezas como El Horla (1887) le igualaron a Hoffmann o Poe.
Vinculados a ellos se presentan estas crónicas: comparten tono, preocupaciones, referencias… En sus textos breves, ya artículos o ya ficciones, Maupassant —amigo y discípulo de Flaubert, Turgénev y Zola, primo cercano de Chéjov, tío lejano de Nabokov— abordó las preocupaciones de su época, deslizó las claves de su escritura, y firmó una obra empeñada en zafarse de cualquier expectativa.
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