
Stephen Crane (1871 – 1900) murió en Badenweiler (Alemania) con tan sólo veintiocho años, dejando atrás una obra literaria que comprendía crónicas periodísticas, novelas, poemas y relatos. En 1890 había comenzado a trabajar como reportero en los barrios más populares de Nueva York, mezclándose entre sus habitantes. Corresponsal de guerra en Grecia (1897) y Cuba (1898), de sus experiencias nacieron obras como Maggie: una chica de la calle (1893), que los críticos consideran la primera novela naturalista norteamericana, y La roja insignia del valor (1895), relato de fuerte sesgo realista sobre la Guerra de Secesión, y que figura entre las mejores novelas en inglés de todos los tiempos. A estos títulos se une Historias de Nueva York, el mejor ejemplo de su tensión constante entre la realidad y la ficción; la apuesta de Crane por el primer y descarnado elemento —y en concreto algunas de estas Historias de Nueva York— situaría su obra como antecedente, incluso, de lo que hoy conocemos como periodismo gonzo. Amigo de Joseph Conrad y Henry James, autores tan diferentes como Ernest Hemingway o Willa Cather lo reconocieron como su maestro.
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